Hoy me toca contar y enseñar lo que estuve haciendo la semana pasada.
Por si no quedó muy claro, el fin de semana lo pasé en Löbau. Allí está Seila (ya sabes quién es, o deberías) en su voluntariado. Fue un fin de semana estupendo. ¡Un reencuentro genial!
Pero antes de ir a Alemania, pasé unos días descubriendo las montañas polacas. Tatry Wysokie.
Después de un eterno viaje en tren con Greta y un paseíto de tres horas con la mochila a cuestas, llegamos a un hostal escondido en las montañas, a la orilla de un lago.
Increíble. Precioso.
Mira.
| El hostal y el lago desde Krzyżne, una de las cimas. |
| El hostal y el lago. |
Lo importante, es que llegamos. Estoy sorprendida de todo lo que aguanta el cuerpo. Llegó un momento en el que era imposible seguir andando, la mochila pesaba cada vez más y las fuerzas cada vez eran menos. Pero eso sí, aun con todo el cansacio, me lo pasé genial. ¡Vaya situación! Greta y yo, con nuestras mochilas, caminando durante tres horas. Ni siquiera sabíamos dónde teníamos que llegar. Sólo sabíamos que Aśka (mi tutora) estaba en el hostal. Yo sólo pensaba en la cama que me esperaba allí.
El objetivo era llegar, y lo conseguimos. No sabía dónde estaba mi límite físico y mental, pero ahora sé que está altísimo. (ya sé una cosa más sobre mí)
| Las vistas durante el camino
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¡Madre mía! Lo de esa ducha no era agua fría, ¡era hielo! Si lo llego a saber...
La segunda parte, el paseo más interesante, te la cuento luego.
Me voy a clase de polaco.
Do zobaczenia!
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