Siete días para descubrir un poquito más el mundo.
Estocolmo.
Una ciudad moderna.
Un idioma con una graciosa sonoridad.
Una ciudad con gente de todas partes. Mucha más variedad de colores que en Polonia.
Museos modernos, calles empedradas y antiguas.
El salón azul, que en realidad es rojo: donde se entrega el Premio Nobel.
Un paseíto en barco por el Báltico, hasta una pequeña isla parte del archipiélago.
Robin: el dueño de la casa en la que nos alojamos Greta, Anaïs, Lola y yo durante cuatro noches.
Tallín.
Ciudad medieval. Con rascacielos.
Otro idioma incompresible.
Alojadas en casa de unos chicos de Chipre.
Ruta turística por la ciudad, gratis. Guiados por un estudiante.
Un montón de buena comida. Comida estonia y comida al estilo turco: muy picante.
Conocer a una chica de Corea del Sur, alojada en la misma casa.
Deslizarse con una trineo por una pequeña pista de esquí.
El último gran viaje con mis compañeras de proyecto.


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